Por todos es sabido que los hábitos son difíciles de cambiar, culturalmente estamos educados bajo un sentimiento de pertenencia, la pertenencia es estatus, es posesión, es riqueza. Esto poco a poco esto está cambiando; la crisis, los millennials, la globalidad, los precios elevados, la dificultad de acceso a financiación, la tecnología, el intercambio de conocimiento…  son factores que han provocado un cambio en los hábitos de consumo y por tanto en la forma de vender nuestros servicios, por ello debemos pensar en el consumidor, en su experiencia con nuestro producto o servicio. Lo tangible sin valor añadido, sin emoción, es insuficiente.

Necesitamos que el consumidor viva y sienta una experiencia con nuestro producto/servicio, debemos dotarlo de valor, darle alma.

Cuando logramos esto, viene el momento de hacerle llegar al consumidor nuestra oferta, hacerla atractiva para ellos y es ahí donde entra el nuevo concepto de consumo, el pago por uso. Pagar por lo que quiero y necesito en este instante, según mi necesidad actual, no estar pagando por un prolongado periodo de tiempo, hipotecarme por un servicio que hoy me sirve pero tal vez mañana no.

Todo esto no son modas pasajeras, son hábitos que van calando y poco a poco van implementándose en nuestra sociedad. El sector inmobiliario no está exento, la gente no quiere vivir o trabajar en un lugar por su amplitud, por sus acabados o por su decoración. Hoy en día se busca todo lo que ese lugar me aporta, sus zonas verdes, su sostenibilidad y concienciación con el medio ambiente, su accesibilidad, sus espacios saludables, la oferta de servicios que la rodea y que el espacio me permita sociabilizar, la filosofía que en él se respira, que el entorno impulse mi creatividad y productividad y me permita conciliar con mi vida personal. Estas experiencias para el usuario nos permitirán retener y captar talento, crear entornos saludables, en definitiva… entornos felices donde la gente quiera estar y quedarse.

HOY DÍA INVERTIR EN EDIFICIOS PENSADOS PARA LAS PERSONAS ES HACERLO EN LA RENTABILIDAD DEL NEGOCIO